Enredaderas II
Cuando murió mi abuelo acompañé a mi mamá a la primera misa. Y escuchando al sacerdote católico, me sentí afortunado de que mis padres no me hubieran llevado muy seguido a la iglesia de niño. El Jesús que describían me parecía de lo más rancio y tedioso. Me desagrada el dios del que habla la mayoría de los cristianos. Pero admiro al hombre que se sentó a tratar a los leprosos, que ayudó a las prostitutas y murió con los ladrones. Decidí por ello hacerle una ofrenda, no al dios, sino al ser humano que luchó por las clases sociales desfavorecidas en su tiempo y su región. El único cristianismo que conozco y que me agrada, es el que existía cuando el cristianismo era ilegal: el de los cristianos que donaban sus propiedades, dinero y vendían sus pertenencias para alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos y redistribuir la riqueza de manera equitativa. El cristianismo que no le convenía a Constantino y los opresores de ese tiempo. Pero dado que no lo conocí, y la historia acerca de...